Oud. Noe

Oud. Noe

…de mi escapada a Jordania)

Nada más llegar a la “joya” de Jordania, Petra, aquel hombre con turbante y túnica azul me abordó. Insistía sonriente en darme un tour privado para visitar esta, la octava maravilla del mundo, sin tener que pasar el suplicio de todos los turistas.

Me acompañó mientras me descubría los secretos, que no muchos conocen, de la maravilla jordana. Se parecía, dado su atuendo, a un Tuareg (príncipe azul del desierto del Sahara), pero el caso es que había más de 6000 km entre estos dos puntos. Se llamaba Rajul Alsahra (hombre del desierto), nacido y crecido en el mismo, en una de esas cuevas en las que a fecha de hoy continúan viviendo tan solo unos pocos beduinos de Petra. Me enloqueció la belleza de Rajul Alsahra; era un Adonis fibroso, de abdominales marcados y un torso desmedido y alborotado de vello ensortijado. Cálido, corpulento, increíble, mi beduino de piel curtida por las montañas y el sol del Lorenzo. De una belleza que desquicia y una perturbadora insistencia, me brindó toda su hospitalidad beduina en su particular tour por Petra. No dejaba de decirme Déjate llevar chica de Occidente, siente el desierto.

Cuando nos alejamos, entre el propio calor del lugar y el fuego que me salía por el cuerpo, comencé a dejarme hacer y a sentir el desierto.

Rajul era uno de los hombres más guarros con los que he estado en mi vida, y lo digo en el más buen estricto sentido de la palabra. Dicen que los beduinos tienen fama de ser los mejores folladores del mundo, por eso hay tanta europea casada con beduino.

Amig@s, Os contaré lo que me pasó:

Al poco de conocernos, me arrinconaba de forma súbita contra cualquier pared o roca del camino para comerme la boca, morderme los labios. Qué vigor, qué potencia tenía Rajul. De vez en cuando, lejos de las miradas de los turistas, inspeccionaba mis tetas, jijijijí; las liberaba del sujetador, las tocaba, se agachaba para metérselas en la boca y chuparlas con mucho tesón, succionando y relamiendo como el que apura los restos de un helado que no quiere que se acabe.

Mientras comíamos en un merendero lleno de turistas (pero lleno, lleno), me metió la mano por debajo de las bragas, me tocó afanoso, se sacó los dedos, se los llevó a la boca chupándolos con lujuria y ojos hambrientos, y el muy atrevido me dijo Tu coño (así, a lo bruto) sabe delicious; mmmmm.- exclamó.

Después de comer nos adentramos en las tumbas reales talladas por los nabateos. No llegamos a follar pero se rozó con mis piernas hasta que se corrió. Tras su corrida me llevó a ver los mosaicos de la iglesia bizantina que alberga la ciudad de Petra. Mientras yo tomaba fotos de aquella maravilla artística, Rajul me abrazó por detrás y me acercó a él, recorriendo mi cuello con su lengua y me susurró algo así como que se pasaría toda la noche follándome.

Jajajajaá; pues resulta que entre sus desquiciantes susurros, su polla dura haciéndose hueco entre mis cachetes e imaginarme la escena propuesta, me corrí asombrosamente.

Esa noche me hizo de todo. Eso sí, un poquito rápido para mi gusto. Yo necesitaba más cambios de ritmo y marcha y el beduino iba a tope como si no existiese un mañana. Claro, que a su edad, con ese pene juguetón, pletórico de robustez y esplendor, necesitaba muy poquito para recuperarse y volver a la faena. No sé cuántas veces pudimos follar aquella noche. Literalmente me hizo polvo. Me follaba duro, arañazos, tirón de pelo….

Hubo un momento, estelar he de apuntar, que me causó profunda hilaridad. Mientras me follaba más duro que suave, me ordenó Say my name y… obedecí complaciente y cada vez que pronunciaba su nombre, él me la clavaba aún más duro, más fuerte y más profundo. Deep como él decía. Mi Rajul usó mucho lo de deep, pero mucho mucho.

Aunque el moro me dio una buena paliza (sexualmente hablando, claro está), no todo fueron marranadas, que mi beduino también tiene su toque romántico. Llenó su humilde habitación con velas e incienso de madera de oud (me encanta ese perfume). Cada dos por tres me ofrecía agua, comida y dulces típicos entre calada y calada. Me sentí, además de bien follada, bien cuidada y mimada entre esas cuatro paredes. Me decía que le pusiera mi canción preferida, aunque fuera en castellano y él no entendiera ni papa, mientras la escuchábamos los dos tranquilitos y en silencio. Luego él me puso una suya.

Mientras las escuchábamos me reveló su particular drama familiar. Eso nos unió todavía aún más. Puedo confesaros, y confieso que se la chupé hasta darme arcadas, pero el drama que me relevó no os lo voy a contar. Al día siguiente me invitó a la boda de su primo, en la que por supuesto estuve separada de él toda la fiesta. En Jordania, las bodas (musulmanas) además de durar como las bodas gitanas, se celebran por un lado el novio y sus invitados y por otra la novia y sus invitadas. Ahí fui testigo ocular de cómo ellas se descubrían, fumaban, reían y bailaban libres de las miradas de los hombres y los preceptos del Islam. Al Hamdulillah (alabado sea Dios).

Fue un placer vivir aquello, verlas tan libres, tan normales, tan ellas… tan normales como cualquiera de nosotras. Cuando terminó el bodorrio me fui a dormir con Rajul. A las pocas horas, a eso de las seis de la mañana, se levantó intentando no despertarme. Tengo el sueño ligero y a pesar de su sigilo me desperté igualmente.

-¿Dónde vas?- le pregunté.

– Duerme, voy a matar a una cabra para la comida de hoy. Descansa, vuelvo enseguida.

¿Qué cosas no? Como quien va a comprar el periódico y pan recién hecho. Me estaba acostumbrando yo a la vida beduina y me costó poco volver a dormirme.

Llamadme sumisa, llamadme lo que os dé la gana, pero me resultó inevitable caer rendida a las bondades sexuales de ese beduino de profundos ojos marrones y cuerpo alambicado por un harén de tatuajes. Esos beduinos del desierto viven como ningún otro, follan como si fueran maestros del Kama Sutra. En la cama, SOLO Y SIEMPRE EN LA CAMA, llegué a susurrarle tantas veces su nombre y gritarle soy tuya, que por un momento me sentí su esclava sexual, mi cuerpo latiendo y sudando a merced de sus caprichos, mis deseos subordinados a sus violentas manos, todo mi ser dependiente de él. Me llevo el olor de su sexo, saber que de mí se ha llevado hasta la última gota de sudor, hasta el último centímetro de mi piel, hasta mi último fluido. Que ha estado muy dentro de mí. Esta es y siempre será mi pasión jordana, os juro que tan intensa y salvaje como la Pasión Turca que tuvo Ana Belén. Es lo que tiene un hombre que te folla como ningún otro. Que te engancha, como si fuera droga.

Quién sabe si me hubiera vuelto loca de atar y me hubiera convertido, convencida a morir, si me hubiera quedado. Menos mal que tenía y tengo las cosa más claras que el agua, menos mal que sé que aquella locura fue una aventura vacacional para contarles a mis nietos. Antes de despedirnos para siempre, mientras fumábamos una shisha a medias y no paraba de besuquearme por todas partes, me dijo Me pasaría toda la vida besándote. ¡Qué mono mi moro! Aunque le respondí que mejor follándome que besándome, me encantaron esas dulces palabras.

Recordaré para siempre mi viaje a Jordania, las noches y los besos de Rajul Alsahra y la fascinante Petra. Recordaré por siempre jamás sus desquiciantes ojos pintados como aquellos dioses nabateos. Y nuestras velas, las mismas que alumbran los desfiladeros que llevan a Petra cuando todos los gatos son pardos. Ya veis que sí me dejé llevar y… sentí el desierto.

Nankurunaisa1404

Relato de …

Relatos de una soñadora, [07.10.19 08:19]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.