Compromiso real y cremoso

Unos meses atrás.

No estoy realmente seguro de cuándo comenzó todo esto o por qué, pero en algún momento tuve la idea de que quería comer su sexo después de haber tenido relaciones sexuales conmigo. Me encantaba la idea y repetidamente se lo pedía. A ella y a mí nos encanta lo oral (¡tanto dar como recibir!).


Pero me sorprendía el porque lo deseaba tanto y luego a la hora de la verdad me echaba para atrás en el momento concreto. Desde luego, creo que no es agradable el pensar en recibir semen en tu boca, y aunque siempre he sido muy abierto a experimentar, me auto reprochaba y auto criticaba cuando se suponía que a ella le debería de entusiasmar recibirlo, pero yo era incapaz. O al menos eso nos había inculcado la sociedad.

Un día lo mencioné una noche en la cama teniendo sexo y en un calentón. Recién bañada, y le estaba  saboreando su  recién afeitado y suave coño.
– ¿Sabes lo que me gustaría probar?

La vi tensarse un poco porque mis ideas parecen estar cada vez más pervertidas a medida que pasan los años, y no siempre esta tan abierta en las ideas como yo. 

– No, ¿qué te gustaría probar alguna vez?» Respondió, medio divertida y medio sarcásticamente.
No dije nada de inmediato, pero pasé de lamer su clítoris a deslizar mi lengua suavemente pero con firmeza, profundamente dentro de ella y golpeando su punto G. «Mmmmmm», se estremeció suavemente.

Continué por un minuto, luego la miré.  Tragué saliva.

– Quiero follarte bien duro y profundo como te gusta, y después que me corra, quiero que me hagas comer tu coño. Sé que no voy a querer hacerlo después de que me corra, porque me baja la excitación de golpe, pero es por eso que quiero que me lo ordenes y  lo disfrutes conmigo. Necesito hacerlo para que veas y sientas lo mucho que te quiero y te deseo, y para demostrarte que cualquier cosa que me pidas la haré realidad y la disfrutaré. Sé que me va a gustar. Estoy convencido porque ya hemos jugado a eso alguna vez esporádica.

Ella no estaba esperando eso. No sé lo que esperaba, pero no era eso precisamente. No estaba realmente seguro de cómo se sentía acerca de esa idea. Pero yo me había sacado un peso de encima.

Continué mi explicación diciendo:
– Es por eso que necesito que me ayudes obligándome a hacerlo. Si lo haces, estoy seguro que me gustará. y espero que te guste a ti también «. Me gustaría llevar esta practica a mis habituales servicios sexuales hacia ti.

Me miró  algo escéptica. Pero volví a comer su sexo con renovado fervor después de confesar mi nuevo deseo. Chupando su clítoris y lamiéndola por todas partes, por dentro y por fuera. Mi polla dura como una roca goteaba liquido seminal de mi emoción y ella lo advirtió.

Puso una sonrisa diabólica y mientras le comía, me agarró la cabeza y me preguntó directamente: 
– ¿Así que quieres comer mi coño lleno de leche, eh? Sí? Mmmm … ¿Quieres esa crema caliente y húmeda en tu boca? chúpame … . La tendrás. Te lo prometo


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Ya habían pasado algunos meses, y precisamente se acercaba mi cumpleaños. Reservé un hotel muy encantador, y tenia planes de no salir de la habitación por toda una tarde y noche. Pensé que ese lugar y día serían perfectos para empezar mi nuevo hobby, pero todo dependía de ella. Necesitaba desconectar como terapia, y necesitaba hacer algo nuevo. Provocador, excitante, morboso, que me hiciera olvidar la rutina diaria. Los últimos diez días no hice sexo ni me masturbé a propósito. Al principio me costó pero a medida se iba acercando la fecha me emocionaba más, y aunque en algunos momentos me había tocado y estuve cerca de descargarme, aguanté para llegar a la ocasión lleno. Quería estar con una muy buena carga. Sí, había visto fotos, y andaba muy caliente esa semana, pero resistí la tentación por el premio que esperaba recibir el fin de semana. 

Ella pudo ir antes al hotel, porque yo tenía que hacer unos encargos en el pueblo. Ella había tenido tiempo de darse un baño caliente, y prepararse bien a fondo. Cuando llegué y me abrió la puerta, todo el cuerpo se me erizó. El día había llegado.

El verla con botas altas de tacón, su conjunto, su látigo con una verga en el mango, su pelo recogido como cola de caballo, etc. 

Una verdadera Diosa ante mi.



Me puso caliente muy rápidamente, eso no es muy difícil, pero esa vez su vocabulario era más sucio y directo de lo normal. Y a mi me encendía eso.

– Arrodíllate ante tu señora.  Fue lo único que dijo.

Me arrodillé ante sus botas. Era mi Diosa. 

– Sirveme una copa. Vamos a celebrar algo muy especial.

Me levanté y fui a la nevera, saqué la botella, dos copas y la abrí. Me dí cuenta que había comido algo. Todavía estaba la bandeja y los cubiertos. Supongo que se dio cuenta de que lo había visto.

– Ya he comido. ¿Y tu? Me preguntó en tono superior.
– No.
– Bien. Te daré yo la comida hoy, no te preocupes. Mejor que estés hambriento. Dijo con una sonrisa en sus labios muy morbosa.

El tapón salió muy rápido, casi tan rápido como yo podría correrme, pensé. 


Le ofrecí la copa. 

– Quiero brindar por mi marido, que se va a convertir en mi limpiador privado y personal de mi cuerpo, de ahora y hasta que la muerte nos separe.
Me ofreció la copa con una sonrisa que no olvidaré en mi vida. 
– ¿Aceptas? Me preguntó.
– Si. Mi Diosa. Acepto.

De esta manera tan simple habíamos celebrado una especie de ceremonia privada con mi nuevo rol.
Bebimos en señal de aprobación por ambos mirándonos a los ojos directamente.

Se sentó en el borde de la cama, y se abrió de piernas ofreciéndome el mayor espectáculo del mundo.
– Empieza tu tarea. 

Los siguientes minutos los pasé arrodillado haciendo el nuevo trabajo que me encantaba, y ella hablándome con la copa en la mano mientras iba dando cortos sorbos. Era un lenguaje directo, sucio, que me excitaba como nunca. 

Pasados unos minutos me ordenó sacarme toda la ropa. 

– Fóllame toda. Necesito tu polla pero no quiero que te corras aún. Sé que estás muy caliente.


Me posicioné encima de ella e introduje mi pene dentro repetidamente y con fuerza. Toda mi longitud se hundía en ella con poca resistencia en ese momento. Ella también estaba muy mojada. Casi llegué a correrme en ese momento, pero no quería acabar tal como ella me había ordenado. 

Sentí que su coño podría explotar en un gran orgasmo. 

Le estaba dando fuerte y a buen ritmo. Preparándome para correrme también, pero me detuvo y en un tono directo y autoritario me dijo:

– Quítate de encima y recuéstate de espaldas.

Me miró con entusiasmo y rápidamente hice lo que me pedía. Todavía esperando su primer orgasmo se levantó y me montó en sus caderas. Estaba tratando de meter mi miembro dentro, pero no me dejó.

Me miró fijamente hasta que supo que tenía toda su atención.

-Ahora escúchame y escucha bien.  Me rogaste que te hiciera comer mi coño después de que te corrieras, así que eso es lo que vas a hacer. No me importa si pierdes el deseo de hacerlo después de que te corras, Lo voy a hacer y no hay forma de impedirlo. Me apetece.
Has aceptado ser mi limpiador privado, siempre que lo necesite. A partir de hoy esta será la nueva droga que tomarás y me demandarás. ¿entiendes?

-«Si mi amor.» respondí, asombrado.


– Sé que estás hambriento, así que aquí tienes tu comida. 

Mi frente estaba cubierta de sudor ahora. Con cada una de sus palabras mi excitación se multiplicaba.
Me tenía a su antojo. En ese estado de excitación que podría hacer cualquier cosa conmigo. Le encantaba tenerme así. Se siente tan poderosa en ese momento, y tan sexy y deseable.
En ese momento antes de mi orgasmo, aceptaría cualquier cosa que me propusiera. Estoy seguro.
– Bien. Ahora solo para que sepas qué espero en este momento, voy a montar tu gran polla dura hasta que te corras, y luego voy a montar mi coño lleno en tus labios. Esa va a ser tu comida de hoy. Disfrútala. Y si puedes haz que me corra.
Dicho eso, lentamente se bajó sobre mi pene, dejando en claro que sería ella quien controlaría el ritmo junto con todo lo demás ahora. Una vez que estuvo completamente dentro, lentamente y suavemente se inclinó hacia adelante y hacia atrás para provocarme el orgasmo. Gemí ante esto, pero el impacto real vino con lo que dijo a continuación:
– A veces los sueños se cumplen. A partir de hoy, estarás limpiándome la corrida de mi empapado coño con tu boca cada vez que yo quiera o lo desee, o de cualquier parte de mi cuerpo, si se me antoja. Nunca vas a negarte. Y cada vez más vas a necesitar esta nueva droga.
Mi polla estaba ahora pulsando solo de escuchar esto. Entonces comencé a mecerme más y más fuerte, y también a subir y bajar. Podía sentirla punto de explotar.

– Puedo sentir tu palpitación. Quiero ordeñarte hasta la última gota para asegurarme de tener un buen chorreo de leche goteante y caliente para que te alimente bien.  
Al decir esta última palabra, golpeó sus caderas y me montó duro y rápido. Fue solo un minuto  antes de que estuviera aullando y descargando mi enorme carga, llenándola toda. Los días de pausa habían valido la pena para poder dar una suculenta y enorme carga de leche.  Una vez que sintió el pulso final de mi polla expulsando lo último dentro de ella, se deslizó, puso mis brazos debajo de sus piernas y bajó su sexo cremoso y caliente  justo delante de mi cara. Se puso dos dedos dentro y se acarició a escasos centímetros de mi cara. La escena era muy sugerente. Le cogí los pechos y los estrujé entre mis manos. 

– ¿Tienes hambre? Es hora de comer.

Ella se dejó caer y me llenó la boca con su coño chorreando.

No me tiró para atrás como anteriores veces porque lo consideré morboso, y realmente me estaba alimentando ya que tenía mucha hambre y porque ella estaba muy caliente y disfrutando de mi chupada. 

– Ahora cómetelo todo y  déjame bien limpia. Chúpame todo tu semen y hazme correr.

La chupada que le estaba dando ahora era incluso más intensa que antes, mucho mejor de lo que esperaba o había imaginado antes. Fue un punto de inflexión en nuestras vidas sexuales, y ya no había vuelta atrás. Nos enganchamos a eso. De ahora en adelante necesitaría comer su coño relleno siempre que pudiera. Realmente era una droga para mi, y creo que para ella también.

– Mírate, te encanta. Pon tu lengua dentro de mí y chúpalo todo. Más profundo.

¿Ahora que me ha gustado, perderás el interés en el futuro?

Habían pasado unos minutos haciendo mi trabajo y me miró abajo para echar un vistazo a la acción.

– ¿Cuántas veces he chupado tu polla y tragado todo tu esperma en los últimos años? Al principio lo odiaba pero ahora me encantaba, y ahora hemos descubierto que tu los vas a necesitar de ahora en adelante.

Apenas podía creer cómo habían cambiado las tornas, o cuánto me encantaba a mi ahora. Me encontraba en completa sumisión, y ella se  sentía poseída por un demonio de poder. Realmente me estaba enganchando a esa nueva droga.

Se dio la vuelta y se puso abierta de piernas apoyada en la almohada. Cogió la copa que habíamos bebido y dejado en la mesilla, y mientras se deleitaba del agrado del sabor de la bebida, me sugirió nuevamente:

– Ten. Come de tu señora.  


No intentaba conscientemente tener un tono dominante  pero sin embargo salió de esa manera, y esas palabras me dejaron sin respiración. Cogió su copa y a modo de brindis, una vez más, me dijo:


– Espero que estés disfrutando tanto como yo. Ahora eres mi marido obediente que se come lo que yo le diga. Antes de esta noche, nunca hubiera pensado en hacer esto, pero he encontrado mucho placer en ello. Y ahora, no solo quiero alimentarte del semen de mi coño cada vez que follemos, si no que quiero hacerlo mucho más a menudo. Muy a menudo. Así que espero que estés preparado para esto.

Sus  impulsos animales se habían apoderado por completo ahora.

– Has despertado a una Diosa del Sexo en mi pero sé que estás envejeciendo y ya no tienes la fuerza que tenías con 30 años. Es posible que no puedas producir tan rápido como yo necesite, así que si es necesario, encontraré otras fuentes para asegurarme de tener un suministro constante para ti. Sé que vas a necesitar tu dosis de droga. Hombres del Gimnasio, vigorosos  jardineros, compañeros de trabajo, amigos tuyos o quien yo desee y vea con vitalidad joven. Los veo que me miran constantemente, así que estoy segura  que no dudarían en llenarme de esperma si yo quisiera. 
Así que no tengo que preocuparme de que ‘pierdas el deseo o la fuerza necesaria’ de caer sobre mí dormido después de que te corras. ¿has entendido bien? 

Y me ofreció nuevamente la copa en alto a modo de brindis con una sonrisa maléfica.

– ¿Te parece bien lo que te digo?  ¿Lo has entendido bien? No olvides que esta fue tu idea, tu fetiche, y no quisiera privarte. Solo quiero tu felicidad.


Ni siquiera tuve que decir mi respuesta.

-No hace falta que contestes. Ya veo tu respuesta. Tu polla habla por ti.

Realmente mi excitación había crecido y volvía a tener nueva erección, y sabía que eso a ella la iba a hacer muy feliz.

– Veo que la comida que has tenido te ha dado fuerzas para repetir. Voy a tener que darte más a menudo tu comida.

PostFinal —————————–

– Como te has portado bien, te mereces un buen postre. Te he comprado unos bombones de los que te gustan. 

Me enseñó un bombón negro redondo y lo untó en su sexo para que quedara cremoso.

– Toma, tu postre….

– Y supongo que después del postre te apetecerá un café. He visto que tenemos una cafetera nespresso con cápsulas en la habitación .

– Si, me apetece un café.

– Jajaja, me parece perfecto. A mi me apetece un café con leche, pero tenemos un problema. No tenemos leche.

Dijo con una sonrisa diabólica mientras me miraba mis partes bajas.


12 Respuestas a “Compromiso real y cremoso”

  1. A mi marido le excitaba mucho esta idea, pero a mi ni me emocionaba ni nada por el estilo. Muchas veces le preguntaba si le apetecía, pero despues de acabar, siempre se negaba, y eso que lo pedía como un poseso. Un día hice más o menos lo que aqui explica. Ese día jugábamos a roles, y yo iba de ama, y el de esclavo sumiso (eso le pone mucho). Compré en un sexshop una verga que se ata a la boca de él, y una noche se la puse mientras me follaba. Le habia advertido que si se corría antes que yo (siempre ocurre) le iba a castigar. Y asi fue. Y una vez se había corrido, me puse encima de él, e hice que me follara con esa verga en su boca. No podía hablar. Tuvo un momento de negarse, pero me impuse en mi papel e hice que me follara. Fue espectacular, porque la follada que le pegué hizo que la corrida saliera despedida por su cara. Me puso mucho y me corrí como pocas veces. Y pude ver que él volvía a tener una erección, asi que la cosa no terminó alli.
    Mari Carmen. Alicante.

  2. Yo también necesito esa droga. Soy adicto. Ahora mi mujer tiene unos orgasmos impresionantes cada vez que la como. Este relato es la viva imagen de mi relación. Gracias.

  3. Es una delicia el comer el sexo a tu esposa recién llegada. Mi esposa y yo jugamos desde hace años a un juego. Ella me pide preservativos de sabores para sus citas. Cuando llega a casa, tengo que adivinar que sabor ha usado.
    Carmen y Pablo

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